Detectores de MENTIRAS con piernas… y con cerebro

SINOPSIS: si eres uno de esos a quienes los discursos e intervenciones de la mayoría de los POLÍTICOS y PRESENTADORES de telediario le suenan a GÜASA, entonces esta es sin duda ninguna mi mejor entrada […]

Que levante la mano aquél que no se tronche consistentemente de “risa” (y de indignación a partes iguales) a cada segundo, y a diario, de cada telediario. Para quien no lo sepa, la cuestión tiene que ver –creo yo- con el volumen de información que los afectados por dicho fenómeno (entre quienes por supuesto me encuentro) somos capaces de extraer del campo electromagnético.

Por “campo electromagnético” me refiero al continuo de energía radiante (de información, en suma) que nuestros sistemas perceptuales utilizan como fuente exclusiva de entrada de datos y cuyas interacciones se constituyen, por tanto, como el único interfaz entre la verdadera Realidad y nuestros sentidos físicos.

Lo interesante del asunto es que cada aparato sensorial por separado parece programado para capturar de dicha fuente de energía, a modo de “antena”, solamente la porción para la que fue de inicio sensibilizado y nada más. Así por ejemplo, los órganos de la visión interactúan con los campos incoloros de energía de longitudes de onda comprendidas entre los 400 y los 750 nanómetros, ignorando en apariencia el resto de los datos como si la cosa no fuera con ellos.

La pregunta, llegado el caso, es si existirán seres humanos con la capacidad para extraer del campo electromagnético información complementaria a la capturada por los cincos sentidos típicamente físicos. Si alguien disfruta, digamos, de lo que toda la vida se ha venido llamando (y despreciando en los círculos académicos) “percepción extrasensorial”.

A título ilustrativo me remito en este sentido a la patología conocida como “afasia”, que hoy es realmente el motivo de la entrada.

Habitualmente fruto de una lesión cerebral en la región cortical dedicada al procesamiento del habla (áreas de Broca y Wernicke), los afásicos son mundialmente conocidos en los ambientes clínicos por entenderlo absolutamente todo… a pesar de no comprender realmente ni papa, según parece, de cuanto les hablan.

En su éxito de ventas titulado “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” el neurólogo británico Oliver Sacks aborda a su manera las capacidades perceptuales extraordinarias -que yo intuyo- de los enfermos de afasia.

La cómica introducción al ensayo de Sacks, que lleva por nombre “El discurso del Presidente”, pone la tilde en la reacción de unos internos del pabellón de afásicos de un centro norteamericano de salud mientras siguen un discurso de cierto presidente de EEUU -que el autor no identifica- por televisión. La gracia del asunto (y nunca mejor dicho) es que, lejos de conmover a los sujetos, lo que las palabras del Presidente en su lugar les provocaron fueron enormes carcajadas.

Afirman los expertos (léase “obediente diplomado a sueldo del Sistema para variar” en singular) que, privados repentinamente los pacientes de su habilidad para comprender el lenguaje hablado, su cerebro se ve obligado a utilizar otros recursos (vía indicadores de comunicación no verbal como el tono o la inflexión de la voz o la actitud gestual en general, según los eruditos en el tema) para interpretar sin falla las intenciones verdaderas del hablante… en lugar de atender al contenido del anuncio sin más como vendría a ser lo normal. Con eficiencia tal que no son pocas las veces que los testigos incluso desconfían de la incapacidad real de los pacientes para comprender cuanto les hablan. Dice Sacks:

“[…] uno no puede mentirle a un afásico. Como no entiende tus palabras no puede ser engañado por ellas; pero lo que entiende lo hace con precisión infalible, dígase la expresión [o la intención] que viaja con las palabras, esa expresividad tonal, involuntaria y espontánea que no puede ser ni simulada ni falseada. […] Ahí reside su capacidad de comprensión, en comprender sin palabras lo que es auténtico […] [y lo que  no]

Oliver Sacks, “The man who mistook his wife for a hat” (Picador, 2011), pp. 86-7.

Pues mira por donde, si te da por descojonarte cada vez que escuchas algo en los telediarios, pues ya sabes que tienes todas las papeletas para ser un puto “afásico” de libro (de su libro, claro está: del manual tipo de psiquiatría del Sistema). Queda tranquilo sin embargo -y no tengas prisa por acudir al loquero de turno para que te ponga un tratamiento absurdo- porque lo que de veras sospecho que está sucediendo es que tus sistemas perceptuales (hipersensibilizados a la vibración de la MENTIRA por la mera SOBREEXPOSICIÓN diaria a ella) están accediendo por sistema a un tipo de información alternativa, habitualmente no disponible para la mayoría de los mortales, y cuyo mecanismo de captación los expertos solo quieren explicar a través de la lesión cerebral que nos ocupa en vez de referirse, como yo hago, a las capacidades nativas del cerebro de cada cual para capturar, modular e integrar por espectrometría y de manera individual un rango de frecuencias del campo electromagnético mucho mayor que el que normalmente explota la media.

De ahí seguramente que una persona a todas luces “normal” (aunque en el fondo lo que se dice muy “normales” no lo somos) pueda mostrarse tan sensible a la verdad y a la mentira como una persona con los daños cerebrales que refiero. Tanto, como para llegar a convertirse en todo un detector de mentiras con piernas. Y con cerebro, que en el fondo es lo que más le escuece al gobierno. 😉

Pues eso, que no estamos locos y sabemos lo que no queremos… que podría decir la canción.

BIENVENIDOS A LA TIERRA




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