Por qué NUNCA es buena idea caminar por la Vida con el cartel de «VICTIMISTA» colgado al cuello

SINOPSIS: Si te pasas el día ALARDEANDO de tu papel de VÍCTIMA ¿por qué razón iba a querer tratarte la Vida como un TRIUNFADOR? […]

Tengo una amiga que una noche de fiestas aquí en mi pueblo fue perseguida hasta la puerta de su casa por un interfecto (hace dos o más años ya). Y a pesar de que ambas personas se conocían al menos de vista, el caso es que, ni una pudo eludir el pavor o la sensación de indefensión de la situación, ni el otro fue por supuesto capaz de reprimir los efectos del alcohol sobre su psique.

Sea como fuere, a la mañana siguiente y a plena luz del día ya, mi amiga se armó de valor y marchó al encuentro del chaval (el de verdad, quiero decir, y no su “yo” ebrio) y le puso de vuelta y media como se merecía. Y conociendo como conozco yo a mi amiga, es bien seguro que aquel hombre (dos cuerpos más grande que ella y decenas de centímetros más alto también) no halló cobijo ninguno que le librara de la cólera de la “pequeña” ni de aquel chaparrón.

A partir de entonces, cada vez que paseo con mi amiga y nos cruzamos con el chico por casual, nos mira -especialmente a mí- y baja la mirada con vergüenza, como quien no sabe donde esconderse hasta que pase el huracán. (He pensado que igual se piensa que la chica es mi pareja, si bien siguiendo vivo -como sigue- debería haber deducido tal vez que no). 😛

Creo que huelga obviamente decir que mi amiga no le ha perdonado lo de aquella noche ni se lo perdonará jamás, y que por supuesto ahora estira su cabeza con gallardía cuando se cruza con él (al menos si es de día y yendo yo con ella).

Mi lectura, por el contrario, de la energía del chaval es bien distinta: es la de un hombre hasta las narices de su matrimonio y de sus dos hijos que escapa una noche del hastío de su largo presidio como buenamente puede (como todos) para juntarse con los colegas y tomarse dos copas de más, estimulando el ejercicio sin quererlo sus instintos más básicos y anulando al mismo tiempo su capacidad de raciocinio -según lo previsto- con el desafortunado resultado que ya conocéis.

Ahora bien ¿significa esto que su actuación no es reprobable? Ni mucho menos. Lo que significa es que aquel acto cobarde no lo cometió a la postre él, sino el demonio del alcohol (como otras veces el “amor”) a mi modo de ver. De ahí que su yo “verdadero”, su personalidad habitual, desee morirse de vergüenza cada vez que algo le recuerda cuanto pasó. Y esa es la energía del arrepentimiento sincero que yo percibo. Tanto es así que, si el tío fuera japonés, os juro que al día siguiente mismo se había hecho el hombre el seppuku con una cuchara. (“Sudoku” no, imbécil, “se-ppu-ku”). 😀 😀 😀

Dicho lo cual y como cualquiera podrá imaginar, aclaro que mis esfuerzos en el terreno de la comprensión se la traen a mi amiga completamente al pairo (y de manera comprensible por supuesto que también).

Y tanto más aún, obviamente, en mitad de tan iracunda campaña de terror puro y de victimización de la mujer difundida por los medios a la primera oportunidad (o incluso sin ella).

Aclarado esto también, el año pasado mi amiga me confesó que se arrepentía de no haber denunciado aquel incidente al día siguiente y ni a aquel “señor”. Yo por supuesto le respondí que había hecho LO MEJOR… para pasar seguidamente a percibir el tsunami de energía de su ira femenina más desencadenada como era de esperar. Ira, por cierto, rezumando victimismo –siempre fiel a su exquisito condicionamiento– y por doquier .

Entonces le expliqué que el acto mismo de poner una denuncia formal le habría supuesto RECONOCERSE COMO, y colgarse el cartel ANTE LA VIDA, de pobre VÍCTIMA. (Y claro, creedme que no tiene el mismo efecto sobre el Universo el hacer uno las cosas que pensarlas tan solo).

Ahora bien, en un mundo polarizado como el nuestro en el que absolutamente todo, todo y todo tiene siempre –y encuentra- su opuesto (alto y bajo, frío y calor,… víctima y agresor) a ver si adivináis quién se encarga por diseño de atender a la llamada de las mujeres autovictimizadas por expresa declaración?

Pues dicho está, si vas por la vida actuando por deseo como una víctima, lo más normal es que aparezca voluntariamente y raudo un AGRESOR que mejore tus posibilidades de REIVINDICARTE finamente en TU PAPEL. Y, eso, mientras la víctima no decida modificar su guion.

Porque todo el mundo sabe que al otro extremo de la balanza existen los agresores cuya propia naturaleza les obliga a ejecutar sus actos de sometimiento y de agresión… por pura definición. ¿Y con quién mejor práctica que con una víctima de libro y además autoenvestida con reiteración?

Y lo mismo puede uno decir del masoquismo como hermano más que gemelo de la estrategia victimista. Porque claro, cuando alguien actúa o reacciona con sometimiento y sin rechazo por el motivo que sea (por miedo o por vicio) hacia al matón de turno ¿qué mensaje decís que le llega de parte de la víctima al Universo entero, al propio Director del Juego y por supuesto al agresor?

– “Pégame chulo que tu rollo me va”, es lo que creo yo.

Percibido el asunto así, tratad de imaginar que esto que voy a decir fuese totalmente cierto por un casual (que yo creo que sí) y que la Vida en la Tierra se comportara como un agente inteligente quien, cual genio de la lámpara de Aladino, se prestase con obediencia y SIN FALLO a concedernos CADA DESEO que le expresemos a través de nuestros ACTOS. (Este es un tema que trato ampliamente en nuevo libro y que si despierta el interés necesario, puede incluso que aborde en próximo escrito aquí).

Pensadlo de esta forma si no: cada vez que nos dejamos por ejemplo maltratar (y hay muchas formas de hacerlo en multitud de parcelas de la vida -trabajo, familia, amigos, vecinos, pareja, Sistema, etc.-) nos endosamos sin saberlo la etiqueta de “masoquista” o de pura “víctima”.

Y claro, una vez autodeclarado por tus propios actos como tal ¿cómo le dices a la Vida que la víctima no necesita la figura de un agresor para darles a ambos la ocasión divina de EXPRESAR sus NATURALEZAS respectivas?

Y si alguien no es capaz de aprovechar la oportunidad que la Vida le confiere para rebelarse y cambiar, pues peor para él.  ¡Zas! ¡hostia al canto! Pero “¿hasta cuándo?” –pregunta la víctima-. “Pues hasta que me lo hagas saber reaccionando a la experiencia, ya repetitiva, de cualquier otra manera” –que respondería el Genio de la Vida en gesto de comprensión superlativa.

Dicho esto, ¿de verdad creéis que causamos a la gente la misma impresión cuando caminamos con la cabeza bien alta y con confianza (“cuidadito conmigo”) que cuando lo hacemos cabizbajos y hechos un ovillo con las manos en los bolsillos (“que venga alguien y que por favor me atraque, plis”)?

Tanto si vas por la vida como víctima, como agresor, como salvador de mundos o como todo lo contrario, a la Vida en el fondo lo mismo le da: sea lo que fuere que TÚ eligieses (consciente o inconscientemente) el Genio de la Vida siempre te colmará de las oportunidades necesarias para reafirmarte en tu papel… o modificar el guion si fuera que ya te cansaste de hacer el pardillo.

Y si bien este discurso ni aparece ni jamás lo hará seguramente en los manuales de Psicología de tu facultad ¿de qué otra manera se puede justificar que los medios en general deseen victimizar a las mujeres a toda costa?

Pues mucho cuidado con convertir la “realidad” de los medios (“crear opinión” en el argot) en la tuya propia , porque lo que están haciendo contigo es anular tu soberanía de nacimiento y consentir que TELEDIRIJAN tus poderes creativos.

Ya para terminar ¿qué os parece más sencillo, moldear un bloque que arcilla o uno de hormigón?

Pues por las mismas resulta siempre más factible manipular una “realidad” de naturaleza MENTAL que otra de carácter supuestamente sólido, físico, preexistente, preimpuesta y externa.

Por eso el Sistema no desea que sepas que eres el EXCLUSIVO Creador de tu experiencia cotidiana.

“La vida es como un lienzo en el que cada uno de nosotros, cada pintor,
se adiestra en el uso de los pinceles y de cada color.
Recuerda que esta es tu vida -es tu decisión-
y la pintas como quieres: eres su CREADOR.”
(“Una introducción a la Magia”, Gornova V: bienvenidos a la Tierra)

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4 thoughts on “Por qué NUNCA es buena idea caminar por la Vida con el cartel de «VICTIMISTA» colgado al cuello

  1. «Hola JM, y gracias por la info! […]¿tiene relación esta entrada con la llamada ‘Ley de Atraccion’?» (Kawasaki5002t)

    Hola amigo, gracias por el feedback.

    Resulta que he empezado a responderte por este medio pero, como han ido saliendo más y más cosas, al final he decidido convertir la respuesta en una ENTRADA por sí misma. Así que pelín de paciencia te pido para que me des unos días para apañarlo todo. 😉

    Un abrazo!

  2. Hola JM, y gracias por la info! Estoy de acuerdo con lo que expones aqui, es real.
    Disculpa mi ignorancia, me quedó una duda: ¿tiene relación esta entrada con la llamada ‘Ley de Atraccion’? según un video que vi recientemente (https://www.youtube.com/watch?v=TbwrX_Kk-EU), supuestamente esta ley no es tan ‘espiritual’ como a varios nos han hecho creer..

  3. Voy, desde mañana mismo, a comportarme como un millonario playboy a ver qué pasa…. 😉 Coñas aparte lo de ir de víctima (que no es lo mismo que serlo, ojo) es harto rentable. Convocas atención, tu ego recibe dosis extra de endorfinas, es cómodo y además si supuestamente alguien te ha hecho algo, pues alguien está en deuda contigo de alguna manera, no? Lo que digo, rentable. La técnica de convertir en víctima a alguien no tiene mucho mérito. En realidad casi todo el mundo quiere inspirar cierta compasión, y sacar provecho de ello. Así que si insistes un poquito casi seguro que consigues crear una «víctima» rápidamente. De hecho lo que estamos viendo de un tiempo a esta parte es que esos colectivos que se autocuelgan el cartel de víctimas, por algún mecanismo asociado, inmediatamente se convierten en supremacistas. De repente son «mejores» que los demás. Son acreedores a algo y por supuesto tienen la potestad de juzgar al resto y colgarles las etiquetas correspondientes, ejercicio este que imprescindiblemente ha de realizarse desde las «máximas alturas morales». Y es que si desde la tele te están dando todo el día y casi a todas horas «razones» para sentirte víctima (del «heteropatriacado machista» o de un estado centralista castrador, p. ej.), raro sería que no las aprovechases, verdad? Mucho mejor esto, que da votos y dinero, que insistir con igual esmero en esos mismos medios, que todo aquel cargo público que meta la mano en la caja o abuse de sus privilegios (aviones, coches oficiales, gastos suntuarios varios, etc…) vaya de cabeza al talego previa devolución de lo robado, malversado, estafado o malgastado con su correspondiente recargo y una inhabilitación a perpetuidad. Ahí si que hay víctimas de verdad, nosotros. Pero es mejor que no nos enteremos por que, claro, esto no da votos ni dinero. Los quita.

  4. Espero poder disfrutar y aprender de ése segundo libro, tanto como lo hice del primero. Un fuerte abrazo amigo y maestro

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