Voluntariados, o cómo poner a tanto TONTO al servicio de muy pocos

SINOPSIS: Cuán satisfactorio para cada uno es responder con OBEDIENCIA a las exigencias de su adeene BORREGUIL. De ahí que los VOLUNTARIOS no sean tan altruistas como a simple vista nos parece.

El otro día el “El Abuelo” aludía al gran “triunfo” de la COP25 (Conferencia sobre el clima de Madrid), que cerraba con el trabajadísima intención de “ser más ambiciosos” en la próxima cumbre del próximo imbécil que celebre fastos tales con el dinero de todos sus ciudadanos.

Lo cual no deja de ser una broma, y pesada, para todos aquellos borregos que depositaron en sus mandatarios su fe… para que les salven de la Graduación del Espíritu de la Tierra. Y es que, claro, gastar una suma estimada de SESENTA MILLONES de euros (a saber la real) para terminar con una triste declaración de intenciones, pues se me antoja estupidez recién parida en un monólogo del Club de la Comedia:

Entre 20.000 y 25.000 personas de unos 200 países acudirán estas fechas a la capital para la celebración de la COP cuyo coste ha sido cifrado en 60 millones de euros por el Gobierno [y conocida la escasa afición de sus miembros por decir la verdad…].

No obstante, según avanzó el pasado martes la ministra para la Transición Ecológica en funciones, Teresa Ribera, el impacto económico en toda la comunidad podría rondar los 100 millones [que dijo la profesional de la mentira].

“Las cifras de la cumbre del clima: 20.000 visitantes y
65.000 toneladas de CO2 de impacto ambiental”
(RTVE.es, 15/11/2019)

Venga vale, nos gastamos sesenta pero “ganamos” cuarenta. Sobre el papel sí salen las cuentas. Quedaría aun así por definir quiénes lo “ganamos”, eso sí, porque lo que se dice este que rubrica…

En adición y con el calibre de las cifras que se manejan ¿cómo es que se consiente seguir con su vida a los responsables de la organización del evento tras tener la puta caradura de reclutar a más de 600.000 RETRASADOS (léase “voluntarios”) para “vivir la experiencia” a coste CERO?

Menudos cojonazos los de la Ministra de TRABAJO, sí señora, la cola del paro a reventar y, en vez de sacar a seiscientas mil personas de esa debacle aunque sea por una semana tan solo, van y tiran de la lista de minions para la ocasión.

Hay que tener o muy poca vergüenza, insisto, o venir de otro planeta (o ambas).

Ahora bien, yo personalmente no creo que la culpa sea del gobierno, sino de todos los egoístas que aceptan el reto de ROBARLE un potencial TRABAJO a su vecino a cambio del simple reconocimiento público y de un chute enorme de oxitocina en su torrente sanguíneo.

Y lo mismo puede afirmarse, obviamente, de los otros 120.000 neoesclavos seleccionados para la pasada recogida navideña de alimentos.

Lo que fastidia es que el gobierno no necesita reclutar voluntarios porque, si por dinero fuese, no se había gastado 60 kilos en la feria de sus vanidades (y sí, ya sé que una hoguera habría resultado tanto más práctica). De manera que si ha decidido no contratar a toda esa gente es a mi entender porque está poniendo a PRUEBA el nivel de OBEDIENCIA de sus súbditos hacia los residentes de la Moncloa.

Que de eso es en el fondo de lo que parece que va todo este rollo: de gente que ordena y manda y de mucha más gente que les sigue la corriente por pura incapacidad.

Así que tranquilos, que el día de los Inocentes 2019 ya ha pasado.

BIENVENIDOS A LA TIERRA

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1 thought on “Voluntariados, o cómo poner a tanto TONTO al servicio de muy pocos

  1. Desde luego es de coña la cosa. Justo en los días en que se celebró el fiestorro de la Conferencia (creo que es un nombre más que acertado, sobre todo para algunos), pasé por el centro de Madrid para ver una exposición y me encontré con varias decenas de supuestos salvadores del planeta pancarta en una mano, teléfono haciendo selfies cual metralleta en la otra – por que la cosa es enseñar que estoy preocupadísimo por el cambio climático – haciendo suyas proclamas tan ecológicas como volátiles en el tiempo y estériles en el resultado; pero muy útiles en el adiestramiento y adoctrinamiento de la nueva religión planetaria. Ahí estaban los fieles del nuevo credo evangelizando slogan va, slogan viene en pleno éxtasis redentor. Obedeciendo a sus mesías, tal y como debe ser. ¿Para qué coño sirve una religión si no tienes una pléyade de adeptos sumisos para pringar en lo que tu les digas, no? No puedo evitar establecer algunas relaciones cuando veo estas cosas con el permanente ejercicio de neoeducación que, por ejemplo, mana de las series televisivas principalmente. Me resulta ya bochornoso ver en la práctica totalidad de telefilmes como los delitos se resuelven casi siempre con la ayuda de una oportuna cámara de vigilancia y por supuesto por la inquebrantable abnegación del/la policía de turno que deja colgada a su familia, amigos, compromisos y lo que sea, haciendo miles de horas extra – por supuesto gratis – con tal de resolver la investigación. Siempre – no podía ser de otro modo – acompañado de frases lapidarias del tipo «Sólo hice mi trabajo» o «No pararé hasta meter entre rejas al culpable», etc… Es decir, la cosa es enseñar desde bien tempranito que el trabajo y/o lo que te diga la autoridad están por encima de la vida privada, de tus necesidades y de lo que sea. Lo primero es satisfacer al mesías del área que toque en todo momento y al final de la lista, muy al final de hecho, estás tu. O lo que quede de ti.

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